miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ertzainas se reúnen cada 31 de agosto desde hace once años para festejar que siguen vivos.

«Una cosa que yo siempre me he preguntado es '¿por qué nos libramos?'». Ertzainas del grupo 5 de la comisaría de Bilbao se reúnen cada 31 de agosto desde hace once años para festejar que siguen vivos. El 31 de agosto de 2002 ETA planeó hacer estallar una bomba con 35 kilos de dinamita titadine al paso de una furgoneta policial –aquel día iban dentro siete agentes– que se dirigía por la calle Zamakola al centro para toxicómanos de Hontza. «Los desactivadores nos reunieron tiempo después de aquello y nos dieron dos opciones: un fallo (en la bomba), que por algún motivo se apagara el receptor; o que funcionó el inhibidor. 'Quedaos con la que mejor os deje dormir', nos dijeron».

Óscar, el policía que conducía, vio un vehículo sospechoso, tuvo «una corazonada» y encendió «el inhibidor», recuerda. Los artificieros de la Ertzaintza consiguieron desactivar el artefacto horas después. «Id a celebrarlo porque habéis vuelto a nacer», les advirtieron. EL CORREO les acompañó en el último encuentro, celebrado en la medianoche del pasado viernes 31 de agosto en el mismo bar de Bilbao que siempre, al que asistieron una veintena de ertzainas. «Pudimos haber volado por los aires, pero seguimos aquí, en el mismo trabajo, y hay que celebrarlo». «Lo bueno es que está pasado y casi hasta olvidado», dicen después de haber conmemorado la fecha ya en once ocasiones. Cada Navidad desde entonces juegan al 31.802, «y no nos ha tocado nunca ni dinero atrás», sonríen. 

De los siete agentes que iban en la furgoneta del conocido como 'dispositivo Palanca', creado para patrullar de forma especial por el barrio de San Francisco en 1996, cinco acudieron a la última cena, aunque sólo tres permanecen aún destinados en Bilbao. El resto trabaja ahora en Sestao y en la Brigada Móvil. Tenían entonces entre 30 y 40 años; hoy tienen once años más y muchas anécdotas que contar del trabajo diario del patrullero en la calle. «Doblas una esquina y te la estás jugando, no sabes si vas a acabar arrastrándote por el suelo con uno», apunta Rafa. 

Sus compañeros de grupo, entre ellos cuatro aguerridas mujeres, les arroparon desde el primer momento, pero echaron en falta algún acto de apoyo de la Jefatura de entonces. Recién nombrado, el consejero Rodolfo Ares acudió a la comida en una ocasión, después no volvió, y hace dos años invitaron a Josu Puelles, hermano del responsable de Información del Cuerpo Nacional de Policía, Eduardo Puelles, asesinado con un coche bomba en La Peña. Con información facilitada por una patrulla de la Ertzaintza, Puelles y sus compañeros detuvieron a los responsables de este atentado, que hoy en día cumplen condena en prisión.

«Un ángel»

Aquel 31 de agosto de 2002 tenían turno de noche, pero entraron antes porque había convocada una manifestación de HB, «de las grandes», y formaban parte del dispositivo. Les tocó cubrir la puerta trasera de los juzgados. Hacía pocos días que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón había ordenado a la Ertzaintza clausurar las sedes de Batasuna y el Cuerpo temía un ataque inminente como represalia contra alguno de sus miembros.

«Aún recuerdo la disposición de la furgoneta, cómo íbamos sentados, yo detrás del conductor», confiesa uno de los mandos. En el 'briefing' (la reunión previa a salir a patrullar) les informaron de que tres hombres que se identificaron como etarras habían secuestrado a un transportista y le habían dejado atado a un árbol en Dima, llevándose su furgoneta, una 'Volkswagen Transporter' de color azul, y les facilitaron el número de matrícula. Le advirtieron de que se despidiera del vehículo porque lo iban a utilizar en un atentado. ETA planeaba una acción inminente porque ni se molestó en cambiar la placa. Aquel hombre desconocido, al que los ertzainas consideran «un ángel», logró desatarse y comunicó lo ocurrido a la comisaría de Durango. Gracias a eso los ertzainas de Bilbao salvaron la vida. Y también gracias a Óscar, nombre ficticio del conductor de la furgoneta policial. (Los nombres utilizados en este artículo no son reales porque algunos de sus protagonistas prefirieron no revelar lo ocurrido a sus familias para no preocuparles. «Si se lo digo a mi ama, se queda en el sitio», argumenta uno). 

«Este pimpollo estuvo sembrado», dicen en referencia a Óscar. «Ese día me lo tomé muy en serio, tuve una corazonada», asume él. Desde hacía un año, todas las tardes se dirigían por el mismo camino, no había otra alternativa, al centro Hontza. Los vecinos se oponían a la apertura del centro para toxicómanos y se registraron algunos incidentes. Los ertzainas del 'dispositivo Palanca' establecían un cordón para que los usuarios pudieran entrar en el servicio, que abría a las nueve y media de la noche. Tiempo después, la Ertzaintza interiorizó la instrucción 53, por la que se suprimían rutinas y se tomaban precauciones ante posibles emboscadas.

«Cuando enfilábamos la calle Zamakola en dirección hacia Hontza, Óscar divisó una 'Transporter' azul como la sospechosa aparcada en línea a la izquierda; al acercarse a unos dos metros vio las letras y «el tercer y cuarto dígito de la matrícula» y frenó en seco. «¡Que es esa, que es esa!», espetó. Sus compañeros abrieron las puertas traseras con la intención de bajarse. Les seguía un autobús de línea. Entonces, alguien gritó: '¡Tira, tira!' y «di al inhibidor», recuerda Óscar. Las patrullas llevaban un aparato portátil, una especie de walkie-talkie con una pestaña para activarlo que anulaba una frecuencia. Pasaron junto a la 'Transporter' aguantando la respiración. Están convencidos de que la rapidez de reflejos de Óscar les salvó la vida, aunque él opina que el mérito fue del transportista que se liberó y dio la voz de alarma. «Intentamos dar con él para invitarle a la cena, pero no le localizamos». 

Detuvieron la furgoneta debajo del puente de Miraflores, desde donde un etarra era el encargado de hacer estallar la bomba mediante control remoto. Los siete de la furgoneta y sus compañeros de turno cortaron la circulación, acordonaron la zona y desalojaron los edificios cercanos mientras esperaban la llegada de los artificieros. «Uno de los desactivadores miró en el interior de la furgoneta y salió corriendo». Dentro había una olla con 35 kilos de explosivo y metralla. «Pese a que la furgoneta era semiblindada, nos habría destrozado a todos», sentencia Rafa. Los de explosivos lograron desactivarla sin hacerla detonar, de forma que no eliminaron huellas. 

«Nos propusieron que nos fuéramos a casa, pero todos nos quedamos». Al llegar a la base, el jefe de operaciones les dio la enhorabuena y les facilitaron el teléfono de los psicólogos del Departamento. «He intentado pasar por encima, no profundizar, porque si me ponía a pensar... se me iba la cabeza», se emociona Rafa, padre de dos niñas que entonces tenían pocos años, pese al tiempo transcurrido. Él no llegó a coger ni un día de baja. «Tiendes a apartarlo»; «es como una película para recordar»; «hay que pasar página», añaden los demás. La mejor terapia la hicieron con las largas charlas que mantuvieron en la propia furgoneta. 

Al día siguiente, Óscar cogió una mata de rosal de la zona donde se encontraba aparcada la furgoneta-bomba. «La sigo teniendo en casa, está superfrondosa», detalla. (FUENTE: EL CORREO).

martes, 10 de septiembre de 2013

Los otros vecinos de Basauri: 384 reclusos sueñan con su libertad en la cárcel.

«Es un pueblo dentro de otro pueblo. El aliento te lo dan las visitas, las cartas y los amigos», explica un exrecluso de la cárcel para preventivos de Basauri, donde conviven 384 almas condenadas a saldar su deuda con la sociedad. Es un universo paralelo, otra realidad limitada por muros, rejas y cerrojos enclavada dentro de una ciudad de 43.000 vecinos que intenta transformarse a base de cerrar heridas urbanísticas. Allí residen los otros vecinos de Basauri. El centro penitenciario abrió sus puertas en 1966, tras seis años de obras, ahora es uno de los más saturados de España, según los datos que maneja el sindicato de prisiones Acaip. Apenas existen 89 celdas para todos los reclusos. Entre el patio, el comedor, los 'chabolos' y los talleres, los presos, la mayoría atracadores y traficantes, sueñan con un futuro que se les presenta cada vez más complicado. La marca de haber estado en prisión y el imposible panorama laboral hacen que la reinserción social sea «algo similar a un milagro». 

Las instituciones tampoco se lo ponen fácil. Los colectivos sociales que trabajan en la prisión denuncian el recorte en las ayudas. La asociación Bidesari Pastoral Penitenciaria es una de ellas. Desde 2007 realiza un curso de educación canina para los internos. Pero ha tenido que suprimir otros, como el de lectura. «Lo dejamos por falta de subvenciones. No se está apoyando a las entidades que trabajan allí, algunas incluso han dejado de entrar y nosotros nos lo hemos planteado», reconoce Oscar Jiménez, miembro de la agrupación.
El número habitual de internos en Basauri se aproxima a los 350, aunque varía en función del día y del mes, pues se producen ingresos constantes, traslados y puestas en libertad. La cárcel acoge a los reclusos que aún no han sido juzgados y están en régimen preventivo, los reos con condenas cortas o en régimen de semilibertad. Por el pueblo se ve más a los familiares, a los amigos y a las novias, que pueden acudir a los locutorios los fines de semana, aunque también se les permite asistir a encuentros cara a cara tres veces al mes –los 'vis à vis', familiares o íntimos–, y donde la pareja o los familiares pueden encontrarse con el recluso en una sala de estar o en una habitación con cama.

«La vida es muy rutinaria. Hay horarios estrictos. No queda más que amoldarse y participar en las actividades para que los días se hagan más cortos», explica un exrecluso. Aunque ni buscarse una ocupación es, a veces, tarea sencilla dentro del centro penitenciario basauritarra. «No hay trabajo para todos los reclusos dentro de la prisión», advierte otro de los presos que abandonó el penal hace algún tiempo. 

Sin planes para la prisión

Pero, ¿está integrada la cárcel en la vida cotidiana de Basauri? Sus muros cumplen ahora 47 años, y el desarrollo urbanístico de su entorno la ha aproximado al centro. Los vecinos también están 'condenados' a convivir con la cárcel. La petición de cierre y de traslado a otro municipio fue una constante desde las primeras elecciones democráticas. La recuperación de los terrenos donde está erigido el penal, que pertenecen ahora al Ministerio de Interior, es una de las pretensiones que han enarbolado en reiteradas ocasiones el PNV y la izquierda abertzale local en reiteradas ocasiones. Solicitan la liberación de los suelos situados al final de la calle Lehendakari Aguirre para poder transformarlos. El actual alcalde, Andoni Busquet (PNV), sigue reconociendo que «la cárcel dificulta la planificación del crecimiento de Basauri». Pero una vez inaugurada la nueva prisión de última generación de Zaballa, en Álava, y con la caída de la recaudación a mínimos históricos, bastantes proyectos se han paralizado. Más aún los que afectan a la construcción de nuevos centros penintenciarios.

Todo seguirá igual en Basauri. No hay planes para el solar. Algo que los políticos y los vecinos de Basauri ya han asumido. Saben que el equipamiento tendrá difícil encaje en otra localidad. De hecho, el Gobierno central tanteó durante la pasada legislatura a pueblos vizcaínos como Mungia, consciente de lo obsoleto de la infraestructura. «Se mostraron a favor del traslado de la cárcel si algún pueblo lo aceptaba, pero no hubo suerte», comenta la anterior alcaldesa, Loly de Juan. 

De momento, el municipio vive de espaldas al equipamiento. Casi ajeno a su existencia, tanto dirigentes políticos como representantes de colectivos coinciden en que los presos «no generan ningún problema de convivencia». Cada vez son más los que aceptan su permanencia en Basauri. Atrás han quedado los años de protesta. «Su traslado es un tema que planteó en el pasado el movimiento ciudadano, porque, en una localidad con escasez de suelo, estamos saturados de servicios supramunicipales», explica Pedro Pérez de Mendiola, presidente de la asociación de vecinos de Pozokoetxe, un histórico del movimiento vecinal. 

De la misma opinión es el portavoz de los residentes en el populoso barrio de Ariz, Eugenio Pérez. «Ni la prisión ni los presos molestan, aunque debería recalificarse el terreno para esparcimiento de los basauritarras», solicita. Incluso hay quienes consideran que la prisión beneficia a la localidad. El concejal popular, José María Agüeros, explica que «no causa ningún perjuicio e incluso es de las más modélicas y de forma colateral produce beneficio a proveedores de Basauri», asegura. Al final, la prisión se mantiene como otra 'seña de identidad' de Basauri. Como lo fueron sus industrias. Aunque las fábricas también acabaron cerrándose.(FUENTE: EL CORREO).

lunes, 9 de septiembre de 2013

Intenta estafar 6.000 euros con el timo de los billetes tintados.

La Ertzaintza detuvo en el barrio bilbaino de Santutxu a un joven camerunés que pretendía engañar a dos ciudadanos indios con el timo del dinero tintado. Otras dos personas, que actuaron como ganchos, lograron escapar tras armarse una trifulca en la calle. La Policía autonómica ha abierto una investigación para hallar a los cómplices. El arrestado fue puesto a disposición judicial.

Este tipo de engaño no es nuevo. En Bizkaia, las fuerzas de seguridad detuvieron en 2007 a 26 inmigrantes africanos por estafar más de 2,2 millones de euros con esta misma argucia, también conocida como timo de los fotolitos, duplicado o lavado de dinero, y coloquialmente como 'wash wash'.

El detenido, de 35 años y en situación irregular aunque sin antecedentes policiales, se citó con las víctimas a mediodía en un hotel de la Avenida Zumalacárregui. La pauta es siempre la misma. Mediante una falsa demostración, el timador convence de que es sencillo pasar grandes cantidades de dinero tintado a países extranjeros sin ser detectados. Basta con rociarlos, dice, con un compuesto químico determinado para que vuelvan a tener su aspecto original y ponerlos en circulación. La argucia consiste en cambiar el papel moneda falso por uno legal de manera que el engaño parece verdad.

El objetivo era que los estafados aportasen 6.000 euros y el timador, una cantidad similar. Por la tarde, volvieron a reunirse y, para darle mayor credibilidad, se presentaron dos ganchos con el arrestado. Sin embargo, las víctimas sospecharon y empezó una discusión que acabó en trifulca en plena calle Zabalbide. (FUENTE: EL CORREO).

jueves, 5 de septiembre de 2013

¿Incontinencia verbal, yo?. Las indiscreciones en las redes sociales.

Cualquiera puede irse de lengua en Facebook. Hablar más de la cuenta de la vida de otros, pero lo normal es que lo haga de la suya propia. Que cuente sus problemas de tránsito intestinal o los de su niño, la épica doméstica para poner la funda del edredón, que publique un mensaje trasnochado de su ex o la foto de las cuatro botellas de vino vacías que yacen sobre la mesa de su cocina.  Antropólogos, sociólogos y psicólogos no acaban de entender por qué somos más indiscretos que nunca en el escaparate global, y tejen abundantes teorías al respecto. Y como siempre queda muy elegante citar a algún filósofo o académico para explicar nuestras conductas asilvestradas en Internet, aquí van algunas de las más recientes: 

Teoría N.1
 Sherry Turkle, profesora del MIT y autora del best seller Alone Together  cree que "estamos perdiendo el saludable sentido de la compartimentación de la información". Ese que nos enseñaba que no podíamos decir las mismas cosas en todos los sitios, que cada público requería unos códigos y un lenguaje y que no se hablaba igual con todos, ni se contaba lo mismo a todo el mundo. Esta pérdida del pudor para hablar de nuestras miserias la explicaron el año pasado unos investigadores de la Universidad de Harvard con su hallazgo de que "compartir nuestros pensamientos y sentimientos íntimos activa el sistema de recompensa neuroquímico del cerebro, en una medida mayor que contar las actitudes de otras personas". 

Teoría N.2
Elizabeth Bernstein, socióloga y columnista del Wall Street Journal piensa que la pérdida de aprecio por nuestra privacidad no podría explicarse solamente por la proliferacion de reality shows en todas las televisiones del mundo, sino también porque hablar de nosotros mismos es un modo de controlar la ansiedad. Este esfuerzo se conoce como autoregulación y funciona, según la socióloga, de esta manera: Cuando estamos hablando con alguien consumimos mucha energía en intentar lograr dejar una buena impresión en el otro. "Tratamos de parecer más inteligentes e interesantes pero ese esfuerzo supone que el cerebro pierda capacidad para filtrar el tipo de información que vamos soltando y a quién". 

Teoría N.3
Para el profesor Russel W. Belk, de la Escuela de Negocios de la York University en Toronto y autor del trabajo El yo extendido en el mundo digital, nuestra presencia y comportamiento en redes sociales como Pinterest, Instagram y Youtube están creando una idea más compleja de quiénes somos. "Estamos construyendo nuestra identidad de un modo que nunca antes habíamos probado". "Cuando publicamos algo sobre nosotros no tenemos a nadie enfrente para que nos responda, esto nos hace ser más desinhibidos. "Nos sentimos casi invisibles cuando escribimos un comentario que irónicamente podrá ser visto  potencialmente por mucha gente".
El profesor Belk cree que las prácticas del confesionario católico o del diván del psicoanálisis han migrado a Internet. Por su parte, las redes sociales con sus continuas preguntas "¿Qué está pasando?" "¿Qué estás pensando?" etc. no hacen más que incitarnos a que contemos cada vez más detalles sobre nuestra vida.  La reacción de amigos, familiares y desconocidos nos critican o nbos validan en nuestras posturas, y terminan por apuntalar nuestra identidad. Pero eso no es nada nuevo, en el mundo real la identidad se construye entre todos, entre uno mismo, los amigos y los enemigos. 

Teoría N.4
Segun este experto, otro ingrediente del exhibicionismo on line es la tensión entre la privacidad y la posibilidad de ser famoso o popular. Dos conceptos que en estos tiempos parecen excluyentes.Para mucha gente el anhelo de ser popular es de lejos mucho más fuerte que el de ser respetado. Un estudio de 2010 que examinó la imagen que se construían en Facebook un grupo de estudiantes verificó que no estaban preocupados porque personas desconocidas pudieran ver sus perfiles, lo ùnico que querían era que todo el mundo pensara que tenían una personalidad "cool". 
 La línea que separa lo privado de lo público se está desintegrando. Y el objetivo es ser populares. Y sucede a cualquier edad. "Queremos ser interesantes, queremos que se nos recuerde, que la gente nos siga, pero antes tenemos que llamar su atención. Y ya hemos aprendido de los realitys que caer lo más bajo posible es el modo más fácil y eficiente paraque la mayoría de la gente repare en nuestra existencia". dice el profesor Belk. 

Posdata
Un último detalle, los investigadores señalan que a las personas que comparten poco o nada de su vida en las redes sociales no se las considera discretas, prudentes o sensatas. Son simplemente, aburridas. (FUENTE: EL PAÍS).

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Huellas dactilares y su descripción, única imagen para el recuerdo de un asesinado.

El pasado día 7 de agosto se cumplieron 71 años del asesinato por el régimen franquista de David Díez Guinea, de Orduña. Aquellos hombres contrarios a la democracia le dejaron morir en la prisión central de Valdenoceda, Burgos. De Bizkaia, se estima que fueron cinco los muertos. Él fue uno de ellos. La familia del republicano recibió los restos de su pariente en 2010 gracias a las labores de investigación de la agrupación Exhumación Valdenoceda, con la colaboración de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Sin embargo, no cuentan con foto alguna que le recuerden sus rasgos. 



Tanto la familia de Díez Guinea, como Exhumación Valdenoceda y Aranzadi conmemoraron aquella trágica jornada en la que se perdió toda su pista: de pulso vital y de información. Aquel día, tres años después de acabar la Guerra Civil, en el que encargados de la prisión central de Valdenoceda escribieron con lápiz azul y en diagonal Fallecido el 7 de agosto de 1942. Aquel mismo expediente que hoy atesora la Sociedad de Ciencias Aranzadi detallaba que David era hijo de Gregorio y de Paula y esposo de Aurelia Fernández, que tenía 49 años, nacido el 29 de diciembre de 1891 en Orduña y vecino entonces de Villanueva de Carrales, en Burgos. Era labrador que sabía leer y escribir y de su matrimonio tenía cuatro varones y dos hembras con edad de 21 años el hijo mayor y de 10 el benjamín. 

 A falta de fotos, el informe franquista detalla que tenía los ojos azules, cabello negro, cejas finas, ojos pequeños, nariz regular, boca pequeña, cara ovalada y barba oscura. Medía 1,70 metros. Según el documento, Díez fue sentenciado por un Consejo de Guerra en Burgos por un delito de rebelión. La pena impuesta fue de veinte años de reclusión menor.

En el apartado de vicisitudes, el director de la cárcel de exterminio asegura que "fallece el titular de este expediente en enfermería de la prisión", consecuencia de una supuesta insuficiencia aórtica. El 17 de diciembre de 1939 ingresó en la prisión donde se dejaba a los presos morir de hambre porque una persona vecina de Carrales le señaló como hombre de izquierdas. Murió tres años después. En una carta de comunicación de la muerte del republicano, el capitán general de la Sexta Región Militar escribe a su superior en estos terroríficos términos: "Exclamadísimo señor, tengo el honor de comunicar a V. E. que (...) ha fallecido David Díez Guinea".

Otro documento de la época certifica "los objetos que deja de su propiedad". Así citaba, mantas, almohada, petate, botas, petaca, calzoncillos, camisas, correa de muñeca, un candado, carpeta con cartas y fotos, un trozo de jabón, correa de cintura, una cuchara, tres barras de pan, catorce huevos y "en dinero, 6 pesetas". Guardaba víveres porque tanto la mujer como sus hijos eran quienes visitaban al padre de familia en la cárcel del frío, de la humedad, de la inanición. En una de las jornadas de visita, la muerte se cebó con ellos cuando uno de los hijos del matrimonio apareció muerto en el río. Dicen que murió ahogado. 

Ahora, 71 años después, su nieta Ana Rosa Bárcena es una de quienes recuerda a su abuelo. De aquellos seis hijos que tuvo el matrimonio compuesto por David y Aurelia, restan vivos dos, dos mujeres. "De la cárcel y muerte de mi abuelo se hablaba poco en casa porque causó mucho dolor. Sabíamos poco, pero era curioso que mi padre, cada vez que pasábamos por Valdenoceda soltaba una lágrima. Más tarde supimos por qué", evoca.

Enterrado junto a su mujer El ADN de la madre de Ana Rosa y de un tío suyo permitió saber que los restos de aquel enterrado en las cercanías de la prisión era David Díez Guinea. La agrupación Exhumación Valdenoceda hizo entrega de los restos óseos a la familia en un acto celebrado en Madrid. "Fue un día superespecial porque por fin pensamos tenemos al abuelo y sabemos dónde. Ahora está enterrado junto a su mujer. En casa se hablaba de él entre el querer olvidar para no sufrir más", lamenta Ana. Además, el dolor continuó para una viuda a la que en su pueblo le "gritaban de todo" y tenía que sacar adelante a toda su prole. "Quedaron en la miseria y hasta las niñas de 11 años tenían que ponerse a cuidar niños, por ejemplo, de 6... Salieron adelante como pudieron", agrega la familia. La mayoría de los descendientes buscaron su futuro en Bilbao. "Les damos las gracias constantes a la agrupación Exhumación Valdenoceda por su labor ímproba, porque esto les cuesta tiempo, dinero y gracias a ellos aparecen los restos de nuestros familiares. Nunca tendré el tiempo suficiente para darles las gracias", apostilla Bárcena.

Desde esta agrupación dan a conocer que han hecho 26 entregas de restos y "hemos dado un importante avance a las labores de identificación y es probable que, de aquí a final de año, podamos conseguir casi una decena más. Eso sí, ya nos quedamos sin subvenciones. No podremos seguir, a no ser que cambiemos de gobierno o que gobiernos más sensibles, como quizás el vasco, nos ayuden. Nosotros ya estamos secos". (FUENTE: DEIA).

lunes, 2 de septiembre de 2013

El ADN como herramienta forense.

La introducción del ADN en las investigaciones policiales supuso un vuelco importantísimo que no sólo ha llevado a la cárcel a numerosos criminales, sino que también ha hecho justicia con aquellos que eran inocentes. En nuestro país, el caso sin duda más paradigmático fue el de Dolores Vázquez y Tony King, acusados ambos de la muerte de la joven de Mijas Rocío Wanninkhof. Sin embargo, la primera fue inocente y el segundo era culpable.

Es este sin duda uno de los casos criminales más increíbles de la historia negra de nuestro país. En marzo de 2003, cuatro años después de que el caso de la joven Rocío Wanninkhof se cerrara con la encarcelación de Dolores Vázquez en una historia que hizo correr ríos de tinta, aparecía el cuerpo sin vida de la joven Sonia Carabantes en un descampado. Entre sus uñas había restos de tejido del presunto asesino. El ADN determinó que estos restos tenían el mismo perfil genético que el hallado en la saliva de una colilla Royal Crown que estaba junto al cadáver de Rocío Wanninkhof, cuatro años antes. Y esto hizo que ambos casos dieran un giro de 180º.

La tarde del 9 de octubre de 1999 fue la última en la que se vio con vida a Rocío Wanninkhof, una joven de 19 años que residía en Mijas junto a su madre, Alicia Hornos y su hermana. En la casa había habido hasta hacía poco una cuarta persona: Dolores Vázquez, una mujer amante de la madre de Rocío y que, al parecer, no acababa de encajar con la joven.

El 2 de noviembre, el cadáver de Rocío fue encontrado, totalmente desnudo, en una zona de bosque bajo entre Marbella y San Pedro de Alcántara. Había recibido numerosas puñaladas. Dolores Vázquez pronto fue señalada por la opinión pública. La historia lo tenía todo: celos, una historia de amor homosexual truncada, una joven guapa y de éxito, una madre que nunca se escondió de la prensa...

Dolores Vázquez acabó siendo detenida y acusada del asesinato, sin que hubiera una sóla prueba concluyente de su participación en el mismo. Tampoco había pruebas circunstanciales de que la noche de la desaparición de Rocío, Dolores hubiera podido actuar. A pesar de todo, en septiembre de 2001 Dolores Vázquez fue declarada culpable del asesinato, y condenada a 15 años de prisión. El jurado popular se limitó a ratificar las conclusiones del Ministerio Fiscal.

Sonia Carabantes

Con Dolores Vázquez en la cárcel, poco a poco el caso de Rocío se fue olvidando. Sin embargo, en 2003 la desaparición y muerte de Sonia Carabantes lo cambió todo. La joven desapareció en agosto de ese año en la localidad malagueña de Coín, muy cerca de Mijas. Cinco días después, fue hallada muerta.  Habría sido brutalmente golpeada y estrangulada.

Al paracticarle la autopsia, los forenses encontraron restos de piel en las uñas de Sonia. Podrían ser restos del asesino que quedaron entre las uñas de Sonia al tratar la joven de defenderse. Los análisis revelaron un dato increíble: el ADN de estos restos coincidía con el del hallado en una colilla de Royal Crown que se encontró en el lugar donde fue encontrado el cadáver de Rocío Wanninkhok, cuatro años antes. Y no eran de Dolores Vázquez.

Tony King (en la foto).

Las nuevas revelaciones, que hicieron saltar por los aires todas las hipótesis e investigaciones policiales, pronto fueron conocidas por la opinión pública. Los datos,  conocidos ya a través de la prensa, hicieron a una mujer denunciar al que en 1999 era su marido. Cecilia Pantoja ponía en conocimiento de la Guardia Civil que, en su día, tuvo sospechas de que el que entonces era su marido, el británico Tony Alexander King, podría haber estado involucrado en la muerte de Rocío.

King fue detenido en septiembre de 2003; su ADN coincidía con el hallado en las uñas de Sonia Carabantes y en el cigarrillo Royal Crown, junto al cadáver de Rocío. Se le acusa de la muerte de Sonia y confiesa el asesinato de Rocío.

Pero Dolores Vázquez seguía en prisión. Ya en marzo de 2003, el Tribunal Supremo había ratificado la anulación del primer juicio por la muerte de Rocío por falta de motivación en el veredicto y ordenaba la repetición del mismo. Señalado para el 14 de octubre de ese mismo, tras los acontecimientos de septiembre la Fiscalía lo deja en suspenso.

Dolores Vázquez quedó finalmente exonerada de toda culpa, y Tony King fue condenado a 19 años de prisión por la muerte de Rocío y a 36 años por la de Sonia, en sendos juicios en los que quedó acreditado que el británico es un psicópata sexual que podría volver a matar cuando salga de la cárcel.

En Campo de Criptana (Ciudad Real), el ADN logró detener al asesino

El 17 de marzo de 2001, Inmaculada Arteaga, de 14 años, había quedado con una amigas, pero nunca llegó a su cita. Su cadáver fue encontrado en una cuneta a las afueras del pueblo al día siguiente. Exactamento cinco años después, su asesino era detenido. Se trataba de Santiago M.Q., un joven de 25 años al que delató el ADN. Y todo sucedió gracias a las pruebas masivas de ADN que se hicieron meses antes de la detención a más de 2.000 jóvenes vecinos de la localidad. La investigación recibía asíun impulso definitivo. (FUENTE: TEINTERESA.ES).


lunes, 12 de agosto de 2013

El crimen que tiene en vilo a Brasil. ¿Mató el niño a su familia?.

El asesinato de una familia en la madrugada del lunes ha conmocionado Brasil. Un matrimonio de policías, su hijo de 13 años, la abuela y una tía abuela del pequeño fueron hallados muertos con tiros en la cabeza en su propia casa. Era la típica escena brutal que los investigadores relacionaron inmediatamente con una venganza del crimen organizado pero, esta vez, las pistas señalaban al niño como el principal sospechoso. El chico de gesto dulce habría matado a su familia durante la noche y se habría suicidado después.

La hipótesis que defiende la Policía Civil sostiene que Marcelo Passeghini usó la pistola de su madre, cabo de la Policía Militar, para disparar a su tía y a su abuela, que vivían en una casa contigua en el mismo terreno, y a sus padres, ambos policías. El orden de los asesinatos no se ha esclarecido todavía, pero por cómo yacían los cuerpos, todo apunta a que la familia dormía cuando sucedió el crimen. Todos menos Marcelo.

Nadie oyó los disparos y nadie sospechó nada a la mañana siguiente porque Marcelo fue a clase tan tranquilo. Tras el crimen, el chico agarró su mochila del colegio —en la que metió un revólver— y se marchó de casa en el coche familiar. Una cámara del vecindario grabó la llegada del vehículo a una calle cercana a la escuela. Era la una de la madrugada. Las imágenes registraron que unas cinco horas después, Marcelo salió del automóvil y caminó hacia el cole con su mochila al hombro. El niño, considerado un buen alumno, pasó el día en clase sin que sus profesores o compañeros notasen nada extraño. Al acabar las clases, el padre de un compañero lo dejó en casa. Según los testimonios publicados por los medios brasileños, el hombre llegó a tocar el claxon para avisar a la familia, pero Marcelo le pidió que parase porque su padre estaba durmiendo. El chico entró en casa y fue entonces cuando, según la versión policial, decidió pegarse un tiro en la cabeza junto a los cuerpos de sus padres. Marcelo sostenía el arma del crimen con la mano izquierda cuando los agentes descubrieron la escena.
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Cuando los investigadores descartaron la participación del crimen organizado, que vive en permanente lucha con los cuerpos de seguridad, se centraron, no sin sorpresa, en el hijo. ¿Cómo un chaval de 13 años era capaz de planear ese crimen, disparar a quemarropa sin que los vecinos se alertasen y conducir de madrugada para ir al colegio con total tranquilidad?
Los parientes de la familia asesinada fueron los primeros en dudar de la versión de la Policía Civil. Marcelo era un niño enfermo. Sufría diabetes y fibrosis quística, una enfermedad genética y degenerativa que puede llevar al paciente a una muerte prematura en la edad adulta, pero no padecía ninguna enfermedad psiquiátrica. Tampoco recordaban que el chico supiese conducir. Un tío negó hasta que fuese zurdo.

Pero las dudas que más pesaron sobre la versión oficial llegaron el miércoles. Un día antes de que los programas de televisión se recrearan con las fotos de la escena del crimen y sondeos sobre quién sería el asesino, el coronel Wagner Dimas, jefe del batallón de la madre, dio una entrevista en la radio con la que dio un vuelco a la historia. El policía afirmó que la mujer, de 36 años, había denunciado a varios colegas suyos por participar en robos de cajeros automáticos. El coronel dijo que no tenía conocimiento de que la familia hubiese recibido amenazas por la delación, pero no descartó que pudiese tener relación con el crimen. El alboroto fue tal —la Policía Civil insistía en que el niño era el único sospechoso— que Dimas se retractó al día siguiente y negó todo lo declarado. Dijo que fue malinterpretado o que no se expresó bien.

Otras declaraciones continúan todavía arrojando dudas sobre la investigación. El policía jubilado y diputado estatal Olímpio Gomes también dijo que desconfiaba de la versión de la Policía Civil, según recogía ayer el diario Folha de São Paulo. Gomes apuntó que parecía que el lugar del crimen había sido manipulado y que no le cuadraba la posición en la que se encontró el arma del chiquillo.

A pesar de las aparentes incógnitas y de que el caso cuenta con varios elementos que invitan a desviar el foco, la Policía Civil mantiene la hipótesis del niño asesino que a la sociedad brasileña le cuesta aceptar. El padre de Marcelo, de 40 años, era agente de la Rota, la tropa de élite de la Policía Militar y enemiga principal de las facciones criminales que actúan en São Paulo, lo que llevó a creer en la implicación del crimen organizado, pero fue precisamente él quien enseñó a su hijo cómo disparar. La madre fue quien enseñó a su hijo a conducir.

Las primeras pruebas periciales señalan que Marcelo no tenía pólvora en sus manos y que el padre murió varias horas antes que el resto de parientes y que la madre yacía de rodillas junto a la cama, indicios suficientes para avivar las especulaciones. Sin embargo, en este caso parece que han pesado más los testimonios que las pruebas periciales.

Uno de los mejores amigos de Marcelo fue clave para los agentes. Según Itagiba Franco, el delegado que está a cargo de la investigación, el chaval contó que Marcelo siempre le había llamado para escaparse de casa y convertirse en un asesino a sueldo. Según contó el veterano policía, Marcelo “tenía el plan de matar a los padres durante la noche, cuando nadie lo supiese, y huir con el coche para vivir en un lugar abandonado”. (FUENTE: EL PAÍS).